Ya hemos entrado en otoño. Nuestra mente lo sabe. Pero … ¿nuestro cuerpo lo siente?

La naturaleza se transforma. Los árboles comienzan a reservar su energía hacia su interior y permiten que sus hojas empiecen a morir para ser liberadas por el viento durante este otoño que justo acaba de iniciar.

Es un proceso lento formato de pequeños instantes.
Instantes de recogimiento,
instantes de luz menguante,
instantes de reconocer lo que ya no vibra con nuestro interior,
instantes de liberar lo que ya ha muerto en nosotros.
La liberación nutre.
Lo liberado fertilizará la tierra cuando entramos en invierno.

La naturaleza no se lo cuestiona, no juzga, simplemente permite que los ciclos sucedan y se transforma sin esfuerzo, sin dolor. ¡Permítelo tú también! Empieza a ir hacia tu interior, observa que hay en tu vida que ya no tiene cabida cuando te recoges y … ¡suéltalo!